El camino nunca está marcado, no se ilumina ante nuestros ojos para que no perdamos el sendero que recorremos o queremos recorrer. El camino se recorre si o si, no existe otra opción y nunca sabremos dónde nos llevaría cualquier otro porque el que escojamos será el que nos hemos destinado. Sólo podemos proyectar en función de una serie de variables preexistentes, como un algoritmo de vida que nos ayuda a tomar decisiones. No hay decisión buena o mala, sólo hay decisión.
 Es frustrante y excitante al mismo tiempo y nos somete a la única realidad que debemos vivir: la incertidumbre.
(Identidad II. Acrílico sobre lienzo)


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